Resultados de mi visita al Soconusco

El Soconusco es una región en Chiapas muy importante a nivel estatal y nacional. Es rica en vegetación, en flora, en fauna, en historia pero sobretodo en la riqueza humana que no puede medirse en kilos, litros o tinta. La gente de la costa es brava, sincera, cálida y sobre todo: trabajadora. Todas esas cualidades las admiro mucho, porque son difíciles de encontrar en estos tiempos. 
      Miento, sí se encuentran, en su mayoría en los pequeños pueblos. Algo pasa con las grandes ciudades que están podridas y por lo tanto les pudre el corazón a sus habitantes. Ojalá y las capitales o big cities no sólo les pudrieran el corazón a sus residentes (eso se puede llegar a curar, poco a poco) sino que también les atrofia el cerebro. 
     En los pueblos,en los pueblitos de Chiapas, pasa muy poco, porque  tampoco se salvan del contagio de la epidemia, pero encuentro que hay más pizca de esperanza, mucha esperanza reflejada en los niños y jóvenes. 
     El fin de semana fuimos invitados por el Colectivo Bastón de San Pedro a una serie de lecturas. El Colectivo está integrado por hombres llenos de furialegría por llevar la cultura al pueblos como Huehuetán (estación y pueblo), tanta es su hermosa terquedad que no sólo pusieron todos los recursos para que se llevará a cabo, sino que botearon y realizaron rifas, con el afán de demostrar que cuando se quiere se puede. 
     Esto apenas es una semilla, que quiere echar raíz en Tapachula y si es posible en todo el Soconusco. Creo que esto responde a la centralización del poder y los recursos. En la capital del estado, en las capitales de los estados y en la capital del país se vierten miles de pesos en apoyo a los promotores culturales, y los resultados muchas veces dejan mucho que desear. Los compadrazgos y la corrupción imperan hasta en estos círculos sagrados que deberían de ser los aros del arte. Pero en aquellos lugares que la mano divina de los gobiernos no alcanza a llegar, ahí es en donde crece la voluntad por hacer las cosas sin un interés egoísta. 
   Pude sentir la hermandad de la poesía y eso no tengo como agradecerlo, de verdad, fue una experiencia muy buena. Me di cuenta del espíritu fronterizo, conocí niños grandes y fuertes que pintan y leen, banda que escribe a pesar de las adversidades, raza que vive en la realidad de la frontera. También descubrí un nuevo aspecto de la poesía, el machismo que puede radicar en ella, un machismo que me hace cuestionar mi papel en este camino que es la escritura, al final del festival yo era la única chica participante, ¿cómo la beisbol? bueno, pero esa es harina de otro costal. En general creo que fue una experiencia hermosa digna de recordar. Gracias por los nuevos amigos y por la oportunidad de ir más allá de mis territorios.


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