Los planetas



El lenguaje no es suficiente en Los planetas. [1] Dejó de ser la herramienta capaz de articular las notas musicales que componen los cantos que el autor dedica a sus amigos (compañeros de viaje de una nave psicótica) con los que ha danzado en distintas dimensiones.
Por eso utiliza otro lenguaje. Aquel que enlaza a todas las cosas y a todos los seres vivos atravesando la materia y el espíritu. Lenguaje que utiliza la física cuántica para poder estar y ser en todos los planos físicos que traspasa.
Así como la naturaleza se corresponde con el universo (las neuronas son redes galácticas, el nacimiento de una célula ocurre en el espacio creando supernovas), los personajes se corresponden con el universo lirico del poeta. Devienen en bytes, electricidad, genes, flora, signos y símbolos que conforman los planetas soñados por el autor. Digo autor para no decir Yaxkin, porque él sobrepasa ese otro lenguaje, a él sí le basta expresarse con lo que sus ojos reflejan. Ellos transparentan pequeños sentimientos/insectos que viajan con una nueva velocidad hacia todo lo que observan. No es la velocidad luz que radica en sus textos, sino la parsimonia de una hoja que cae lentamente por todos los jardines de su corazón.
Los planetas es la conformación de una poética que teje futuro y pasado, no por eso es futurística ni novedosa, al contrario, hurga en nuestra memoria genética, en aquello que nuestros ancestros ya sabían e inaugura una nueva manera de concebir el universo.


[1] (Melchy Yaxkin, 2012, Los Planetas [El Nuevo Mundo III], México: Proyecto Literal)

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